15 de junio de 2014

Nuestro exquisito cadáver

Quiero dar un paseo durante la noche en una ciudad medieval pero no encuentro un mendigo que oficie de guía, hasta que me topé con un volante que decía que era el día libre de los mendigos-guias turística. Entonces pensé que podría pedirle a cualquier doncella que pasara, pero las calles iluminadas por antorchas estaban frías y vacías. Quizá no fuera tan fácil después de todo, quizá fuera mejor pasear solo. Ahora que lo pienso, desde un principio me apetecía pasear solo, pero me confundí al estar pensando en alguien que extrañaba preguntándome si me extrañaba también o solo era yo el que vagando la pensaba. Así que decidí dejar que mis pies tomen cualquier rumbo mientras en mi mente me acompañaba el recuerdo de esa persona. Descubrí entonces lo maravilloso de tal recuerdo y la razón de su esplendor... y así, a pesar de la fría noche y mi palpable soledad, pude sentir una calidez en mi interior y sonreí.

Seguí vagando con mi mente y mis pies hasta una puerta negra, era de madera maciza y muy antigua. Alcé la vista y vi unos grandes arcos sobre mi cabeza. Era un rincón muy acogedor pero algo me hacia desconfiar de ese confortable sitio para detenerme a descansar. Cuando estaba a punto de dar la vuelta y retroceder, la puerta se abrió con un chirrido que me sorprendió, y pude ver la luz cálida que se escapaba del interior. Dentro había sólo una mesa de madera bastante rancia y detrás un extraño. Era un anciano con ropas viejas y llena de remiendos. Sus ojillos brillaban y me miraban de manera extraña. En esos ojos podía ver rastros de los antiguos siglos, como si cargara con una pena cósmica.

"Queréis acompañarme en mi cena de esta noche ?" habló el anciano. Sólo entonces me percaté de que había estado conteniendo el aliento.

"Milord es muy amable" -dije como pude- "pero estoy seguro de que interrumpo su velada solitaria"

"Al contrario. Os esperaba. Desde siempre" me respondió misterioso.

"¿Desde siempre?" articulaba las palabras con gran dificultad. "Como que desde siempre?"

"Es lógico que no recuerdes. Pero ven, acompañadme y quizá entendáis el significado de mis palabras"

Me condujo a través de una escalera de caracol que al principio no note, a través de varios túneles también, en los que había ventanas. Pero estas ventanas no mostraban el exterior, sino que a través de cada una se veía un espacio diferente y aparentemente muy lejano, casi como si cada ventana fuera un mundo. En las ventanas veía rostros que por momentos se me hacían conocidos, y paisajes bellísimos que hacían que mi mente deseara perderse en ellos. Mientras, mi cuerpo, como autómata, seguía al anciano a través de los túneles. "Qué son esas ventanas?" pregunté, pero el anciano no respondió y siguió marchando.

Lo seguí a el hasta el final, donde el túnel por el que íbamos se bifucarba. Parecía estar dudando del camino a seguir. Entonces pareció tomar una decisión. Se irguió un poco y solo entonces noté lo pequeño que era. Sin embargo, a mi me parecía alguien imponente. Dio media vuelta y me miró directamente a los ojos. "Elegid el camino", me dijo. Como elegiría si no se adonde lleva? me preguntaba. Entonces vi algo fantástico. Vi, por un segundo, en un camino, el reflejo de aquella persona en la cual pensaba. Mis pies se movieron automáticamente hacia ahí y de pronto me detuve, dándome cuenta de mi movimiento. El anciano sonrió y susurró. "La izquierda entonces. El camino del corazón"

Pero algo en su sonrisa me golpeo. En su sonrisa había mezcla con dolor. Comprendí que sufría, sufría por algo y esperaba que yo le quitase ese sufrimiento. Fue entonces cuando supe que había en el túnel de la derecha. Estaba allí lo que le quitaría la pena a aquel anciano. Estaba allí el motivo por el cual me había traído hasta aquí. Sentí un frío escozor en la espalda mientras dimensionaba lo que significaba quitarle su dolor al anciano. Debía renunciar yo a algo. No era casualidad que me encontrara pensando en esa persona. No era casualidad que la hubiera visto a la izquierda. Ese túnel reflejó el deseo mas grande de mi corazón, Pero el otro era el reflejo de lo que yo no tendría por darlo.

Miré al anciano, que aún me contemplaba silenciosamente. Suspiré y sentí mi corazón acelerarse. Vi en mi mente aquella sonrisa que me provocaba gran alegría, que le daba paz a mi corazón y me hacía sentir calidez aún en la noche más fría. Yo ya tuve una sonrisa, yo ya tuve la paz que necesite en mi vida. Opte por el camino de la derecha. Opte por ver a alguien tan feliz como yo lo fui. caminé al frente y el anciano me siguió. Sus ojos se ensombrecieron ligeramente, pero su sonrisa no se había borrado.

No te enamores

















No te enamores de una mujer intuitiva
Ella sabrá al instante si mientes, si eres falso o si ocultas cosas.
Ella leerá en tus ojos el miedo y olfateará tu duda.
No te enamores de ella si no quieres ser descubierto.
Ella podrá, con una profunda mirada, ver en lo profundo de tu corazón,
y leerá tus sombras más oscuras y tus terrores más feroces.

No te enamores, porque ella no se intimidará ante tus demonios.
Ella se conoce muy bien, su intuición es una puerta amplia y ella conoce su interior.
Ella baila con sus propias sobras y charla con sus más oscuros miedos.
Es amiga de sí misma y no teme observarse desnuda de alma en el espejo.

No te enamores de esa mujer intuitiva cuya mirada dice todo y nada,
de esa mujer que brilla desde lo profundo y habla con una voz antiquísima.
Sus ojos ven mucho más allá que los tuyos,
ella sabe reconocer lo real de lo falso.

No te atrevas a enamorarte de una mujer intuitiva.
Ella sentirá y aceptará lo profundo de tu alma,
y ella será capaz de amarte desde los huesos,
con un amor pausado y sincero, sanador y real.
No te atrevas a enamorarte si tus miedos te dominan,
si tu cobardía te impulsa a huir,
si usas tus heridas como excusas para no amar,
si tu corazón está cubierto de hielo y no lo quieres derretir.

No te atrevas a enamorarte de una mujer intuitiva,
si no eres capaz de aceptar su grandeza de alma,
si no eliges liberarte de tus miedos y amar,
porque una vez que te enamores y huyas despavorido
pasarán muchos años antes de darte cuenta
de que has perdido, quizá, la oportunidad más hermosa de conocer el verdadero amor.

18 de mayo de 2014

Yo te recuerdo

La luna es cómplice y conspiradora, empalidece en su edad de oro y lanza un hálito cálido para revivir lo que yace muerto. La doncella danza y te muestra sus pasos, una y otra vez, incansable: este pie aquí, esta mano allá, la cadera hacia este lado, la cabeza de esta forma. Recuerdas tu cuerpo e intentas imitarla, pero tus huesos chirrían y tu mortalidad cae como pesado testigo de las penas de tu corazón. Quitas el polvo que es tu sangre y la enciendes como pólvora: la doncella queda pasmada y grita. Eres un ardiente monolito de lo que no es y bailas dolorosamente, bailas para volver a la vida, con tus huesos tronando y tus músculos retumbando. Bailas inmerso en fuego para doblegarte a lo que fuiste y recordar lo que eres. Transmutas tu silencio en el agua para bañar a la doncella con luz, aquella luz que tus ojos mostraron por primera y última vez en la insondable oscuridad de tu dolor, aquella luz que la luna te obsequia, que es tuya, que ella conspira para que recuerdes, que ella es cómplice para que te confunda. Tus huesos brillan. Has renacido en una sonrisa eterna. Has dejado de ser para reinventarte y existir, para convertirte en la noche que cobija mis sueños de viajes astrales y lienzos de vidas pasadas.

Yo te recuerdo. Tan bello.





Sí, es para vos. Feliz nacimiento.

17 de mayo de 2014

Yo veo

Tan oscuros tus ojos que están llenos de luz.
Los velos danzan y la llama parpadea.
Has dejado que los miedos bailen en tus pestañas,
las sombras no tienen restricciones y cantas.
Cantas tu olvido y lloras la incertidumbre.
pero yo sigo viendo luz en tu insondable oscuridad.


3 de diciembre de 2011

Naturaleza humana

Dualidad, equilibrio y vida, pintura de Karla Rueda López.

Hay algo que siempre me ha molestado mucho de las personas, es de esas cosas que te molestan desde siempre pero que sólo después de un tiempo lográs descifrar exactamente lo que es. Y, en mi caso, me refiero a aquella incapacidad de aceptar la propia dualidad. Que tiene que ser solamente blanco, solamente día, solamente bueno, solamente lindo, solamente "perfecto", o lo contrario. Cualquier extremo es malo, es insano, ¿acaso no ven que la naturaleza toda es una armoniosa e increíble dualidad? ¿Acaso no ven que buscar el equilibrio, el gris, el intermedio más sano para cada uno debería ser la búsqueda de cada uno? Solamente ACEPTAR que la dualidad es parte también de la naturaleza humana nos va a dar un respiro muy grande a todos.

Me voy a referir, ahora, a la imagen del "diablo", del "infierno", instrumentos que la Iglesia Católica inventó para esclavizar a las personas desde tiempos inmemoriales. Este método represor de la capacidad humana de hacer mal y tirarle la culpa a un ente externo (sea cual fuere), ha dado como resultado un montón de gente débil e ingenua. Las personas se horrorizan al ver cómo algunas personas cometen actos de crueldad y se maravillan cuando otros son increíblemente caritativos y bondadosos. En ambos casos se trata de aludir a un ente externo para describir esa don "inhumano" del que goza el individuo en cuestión, reprimiendo por inercia que cualquiera en el mundo, cualquiera puede llegar a esos niveles extremos de bondad o maldad.

Pero, ¿cómo? Todo es equilibrio. En ambos casos, son personas desequilibradas que se fueron cada uno a un extremo diferente. Bulle en cada uno 5 elementos que se manifiestan también en la naturaleza toda, absolutamente en todo, el equilibrio de todas ellas nos da el gris y el desequilibrio nos da cualquiera de los dos extremos de la dualidad. Y es tan bello el gris, el desapego, la serenidad, la paz de mente y espíritu, conectarse con uno mismo. Es en ese momento que uno se da cuenta de lo que es capaz, siente que nada le está vedado y el mundo está en sus manos. ¿Suena pretencioso? No lo es. Porque, íntimamente, cada uno es un dios en potencia. Esa imagen abstracta de las divinidades de distintas religiones no son más que el reflejo de lo más sublime de la capacidad humana, que no se limita a este cuerpo, ni a este mundo, ni a este plano de existencia. Es la naturaleza humana que excede todo lo que la mente es capaz de imaginar.

4 de noviembre de 2011

Niña de papel


Canta la niña absurda frente al espejo rajado
Su vocecita de lunas brillantes resuena histérica
Silencio, niña, silencio
Que tu canto es hiel y tus suspiros la leña
Que alimenta la carencia que rimbombante se pasea.
Llora la niña absurda en su barco de papel
Sus ojitos de amaneceres neblinosos se apagan decepcionados
Cierra los ojos, niña, cierra los ojos
Que hace agua tu barco y tu llanto el ancla de aire
Que deja a la deriva tus sueños informes
Escucha niña, escucha
Mientras no rompas el espejo rajado
Y disfrutes viendo arder ese barco
Esta cantinga se repetirá
Y un día se nos acabará la voz y seremos un inexistente grito.


20 de septiembre de 2011

Atemporal






Puede ser que en este momento absurdo nos reencontremos
cuando los malignos tiranos del tiempo nos liberen
Habrá sido ilusión nuestra o una jugarreta despiadada?
Nunca una libertad absoluta
Nunca una reunión deseada
Nacemos y morimos buscando ese no se qué sin nombre
Esa mitad que que sólo existe en nuestra mente
Porque nacemos vacíos y morimos vacíos
Arrastrando la decadencia entre las piedras filosas
ignorando sus protestas desesperadas,

su sufrimiento que es nuestra vida.

Puede ser que en este absurdo momento puedas amarme
cuando los mezquinos hilos de la moral se destruyan
Habrá sido desesperación mía, consuelo tuyo?
Nunca un sentimiento absoluto
Nunca un corresponder divino
Nacemos y morimos deseando haber vivido más
Una vida que en nuestros delirios es más bonita, hasta perfecta
Porque nacemos sedientos y morimos sedientos
Arrastrando el alma por la tierra árida,
ignorando su murmullo quejoso,
su agonía que es nuestra muerte.

16 de agosto de 2011

Step One.

Cuando el ruido asciende y el susurro muere
cierro los ojos y me pierdo en mi
la oscuridad es entonces el camino más claro,
la luz del sol daña mis sentidos
y en el vórtice de desequilibrio interior
encuentro mi piedra firme,
encuentro la medicina perfecta.

Perdida en esta ciudad gris
con ese algo inentendible que no logro descubrir qué es,
mi centro se desplaza a un costado,
mi todo se disuelve,
una nada sólida me envuelve.

AUXILIO.

1 de abril de 2011

Exilio


Esta manía de saberme ángel,
sin edad,
sin muerte en qué vivirme,
sin piedad por mi nombre
ni por mis huesos que lloran vagando.
 
¿Y quién no tiene un amor?
¿Y quién no goza entre amapolas?
¿Y quién no posee un fuego, una muerte,
un miedo, algo horrible,
aunque fuere con plumas,
aunque fuere con sonrisas?
 
Siniestro delirio amar a una sombra.
La sombra no muere.
Y mi amor
sólo abraza a lo que fluye
como lava del infierno:
una logia callada,
fantasmas en dulce erección,
sacerdotes de espuma,
y sobre todo ángeles,
ángeles bellos como cuchillos
que se elevan en la noche
y devastan la esperanza.


Alejandra Pizarnik

9 de marzo de 2011

Desvaríos


















Pensando.
Sintiendo.
Perdiendo.


Encerrada en una ensoñación de nunca acabar.


Susurrando.
Latiendo.
Sangrando.


Un corazón que se niega a sanar sus heridas.


Algo crece en el interior.
Algo que es nada.
Un vacío asfixiante que se hace necesario y fatal a la vez.
Un estigma que se extiende en la carne,
que marca a fuego la piel ingenua.
Que enciende el delirio de una noche más.


Extrañando.
Pensando.
Esperando.


Un alma que se resiste a perder
lo que no ha tenido nunca.
Un anhelo que en su desvarío parece real,
se ve benigno y deseable.


Es sólo una gota más de veneno.
Es sólo un látigo más de castigo.


Es una pérdida más de un corazón que no tiene nada.

3 de marzo de 2011

Un sueño

Ella: ¿Tú me amas?
Él: Sí.
(Silencio)
Él: ¿Y tú a mi?
(Silencio)
Ella: Sí.
Ella: pero también a él.
Él: y yo a ella.
Ella: no quisiera hacerle daño...
Él: la amo demasiado...
Ella: es demasiado bueno conmigo como para merecérselo...
Él: nunca ha hecho nada que me enfadara...
Ella: es tan considerado...
Él: que no puedo perdonarme hacerle esto.
Ella: así que...
Él: sí...
(silencio)
Ella: entonces... Cuatro años ya.
Él: sí, desde que hablamos por vez primera.
Ella: y descubrimos...
Él: nuestro gran parecido.
(silencio)
Ella: te amo tanto...
(abrazo en silencio)
Él: siempre serás la dueña de parte de mi alma...
(Tras unos segundos, se separan, se miran desafiantes)
Ella:Entonces.. esto es lo que hay.
Él: sí.
Ella: No quiero decirlo.
(silencio)
Él: yo tampoco.
Él: duele.
Ella: Mucho.
(Sus manos se entrelazan un momento, luego asienten y se alejan unos pasos)
Ella: Así son las cosas.
Él: Así son, pues.
Ella: Adiós entonces.
Él: Adiós entonces.
(Con un ademán de dolor, se arrancan parte del corazón y lo tiran al suelo)
(Ella le mira, él la mira. Suspiran. Los trozos se unen en uno solo, y ellos se dan la vuelta y se pierden en la negrura)


FIN.



Autora: Lovecraftiana






De todas aquellas palabras que nunca se dijeron porque nunca hizo falta. De todas aquellas situaciones en las que uno se olvida de lo que es y lo que fue. De todas aquellas personas que nunca tuvieron futuro en común entre sí porque no pudieron herir ni comprender. 

Es un sueño y una realidad.

29 de enero de 2011

En busca del cielo - Cuento corto

"Allí en lo alto, donde brilla el cielo en la oscura noche. Donde el único sonido audible es el rugido de la madre. Allí me encontrarás."

Entonces cerraste los ojos. Y yo abrí los míos. Confusa en mi inocencia, te vi alejarte. Quise seguirte pero ella me abrazó. Lloraba y susurraba tu nombre. Tus enigmáticas palabras resonaban en mi cabeza y no entendía esa enorme sensación de vacío. No entendía el dolor. Sólo era capaz de entender tus brazos rodeándome con fuerza, jugando con mi cabello y riendo con las cosquillas que mis manitas te provocaban.

Salíamos en la noche y dormíamos en el bosque. Me enseñaste los curiosos nombres de las estrellas y se convirtieron en mis guías. El cielo nocturno cubierto de estrellas se transformó en el lienzo donde dibujábamos nuestros sueños, el escenario donde todo era posible. Y una noche en que paseábamos por un lugar muy alto, vimos brillar el cielo a lo lejos. Sonreías y la mirada se te extraviaba. Siempre deseabas tocar el cielo. Anhelabas habitar entre las nubes y poder tocar las estrellas. Vi admiración en tus ojos y aprendí a maravillarme con el cielo infinito que nos echa encima su furia.

Los árboles parecían a punto de ser desprendidos del suelo y se doblaban casi hasta tocar la tierra. Las gotas frías mojaban mi carita tensa, lo único cálido era tu mano aferrando fuertemente la mía, arrastrándome por el oscuro e inquieto bosque, buscando refugio de la ira de la madre. En una cueva oscura nos protegimos. Lloraba por el miedo, por la confusión. Pero tu sonreías. Mirabas la tormenta embelesado, ausente de todo. Me estrechabas con fuerza entre tus brazos, y mirando tu rostro relajado me dormí.

Todo mi miedo volvió cuando ella te gritaba. Te regañaba cruelmente y tú sólo atinabas a bajar la mirada. A veces hablabas lentamente, pero sólo lograbas que ella se enfurezca más. Yo podía llegar a adorar toda la furia de la madre, pero la de ella jamás. Su furia era crueldad. Era el miedo que provocaba en mi. Era la angustia que cargabas en tu rostro.

Y un día, me dijiste esas palabras que nunca dejé de oír en mi mente. Nunca volvía a saber de ti. Un día, decidí dejar mi existencia estática y comencé a buscarte.Allí donde la tierra parecía unirse con el cielo. En ese infinito e inalcanzable horizonte. Donde las montañas se pavoneaban entre las nubes. Veía el cielo estrellado brillar orgulloso, pero la madre siempre estaba calma. Una y otra vez mis solitarias noches se repetían, pero yo no lograda dar contigo. No lograba dar con la paz.

Un frío día, cerca de una blanca y muy alta montaña, vi una tormenta aproximarse. A salvo en una cálida posada, vi un brillo diferente en la eterna noche. Recordé ese día contigo en el bosque. Las estrellas se ocultaban temerosas y la tempestad oscurecía el cielo. La madre rugía y sus gritos resonaban en el cielo, el cielo brillaba con sus latigazos. Ante su imponente furia, todos se encogían de terror. Pero en medio de ese caos, yo sentí alivio. En la oscura habitación, iluminada por la furia de la noche, comprendí al fin tus palabras.

Fui sola, ya que nadie se atrevió a acompañarme. Me dijeron cosas desagradables a las que hice oídos sordos. Tomé mi mochila y fui a buscarte allá en lo alto, donde brillaba el cielo en la oscura noche. Donde el único sonido audible era el rugido de la madre. Allí te encontraría.

Sufrí en el ascenso, pero la recompensa merecía eso y mucho más. Agotada, con el frío calándome hasta los huesos y arrastrándome en la nieve bajo la furiosa tempestad, llegué junto a un solitario árbol que exhibía sus ramas desnudas junto a unas piedras que formaban una pequeña cueva. Mis gemidos enmudecían ante el rugido de la madre y las luces estaban cerca, demasiado cerca. Me debilitaba cada vez más y decidí descansar. Allí, en medio del caos, desfalleciendo por mi intrepidez, sentí la paz que toda mi vida había buscado.

Acurrucándome en la cueva con una débil sonrisa en los labios, sentí algo puntiagudo que sobresalía de la nieve. Con las pocas fuerzas que me quedaban desenterré. Era una caja de metal, que contenía papeles y algunos objetos pequeños. Entre las luces intermitentes reconocí tus trazos. La madre me iluminaba y pude leer tus palabras. Lloré por vez primera desde que te marchaste. Finalmente te había encontrado. Cerrando los ojos, sonriendo de felicidad, dejé que la madre me envolviera en su eterna caricia.


26 de enero de 2011

Melancolía


Hasta el silencio tiene sus texturas
cuando se llena de mensajes coloreados,
se puede decir te quiero sin pronunciar una sílaba
y despedirte cuando está escuchándose hola.
Pero es imposible ocultar la melancolía
del que tiene sin tener toda la nada del mundo,
ni tampoco pueden apagarse de un soplido
las llamas que han quemado tan profundo
un bosque de abedules que no saben consumirse
.


Rigaut.




23 de enero de 2011

Una pregunta

Mis manos sangrantes trazan un sendero tras mis pasos.
Amarradas las muñecas con una gruesa cuerda.
Ni siquiera las siento, no era consciente de ellas.
Veo hilos moverse y siento mi cuerpo acompasado.


Hilos y brazos, hilos y piernas.
Hilos y sonrisas, hilos y palpitar.


¿Siempre he sido manipulada así?


Es posible que yo haya aceptado ser usada,
para sanar viejas heridas y olvidar.
Un clavo más hundido en mis manos,
un nudo más a la cuerda que me aprisiona.


El chirriar de una puerta delata mi andar.
Mi caminata que no pasa desapercibida,
tampoco mi carencia de voluntad.
Jugando con los hilos,
continúo con la tragicomedia de hacerte sonreír una vez más.


22 de enero de 2011

Negras Cerezas (Anécdota de una caída)



Negras cerezas
caen a mi boca glotona.
Las manos manchadas ensucian mi cuerpo.
Las muevo, bailotean en el aire.
Mis pies siguen el ritmo de una muda danza.
Levanto la mirada
y negras cerezas me sonríen.
Río como una chiquilla y bailoteo.
Entre las negras cerezas una inquieta luz se filtra.
Me encandila, pierdo el equilibrio.
Mis pies descalzos sienten espinillas
y resbalo entre negras cerezas aplastadas.


Duele.


De cara al cielo oigo gemidos
de mi boca glotona manchada con frutas.
Negras cerezas
caen desde un árbol extraño.
En mi garganta se atoran y me asfixio.
Muevo las manos manchadas.
La luz me enceguece.
Un grito ahogado se escapa de mi garganta invadida.
Frías lágrimas refrescan mi rostro encendido.


Golpecitos.
Negras cerezas
caen a mi garganta asfixiada.
Las manos manchadas se hunden entre cerezas aplastadas.
Se niegan a moverse, al igual que mis pies.
Entrecierro los ojos.
Negras cerezas me sonríen.



Hermosos recuerdos venenosos.

15 de enero de 2011

I wonder why

La luna queda pequeña para nosotros, sí,
pero el espacio se empequeñece aún más.
Y no quiero estrecharme más
porque sé que me fundiré
en tu carne, en tu esencia.
Y sé
que será mi absoluta y eterna condena.

Volaré lejos.
Y un día en que mi corazón corra y se me escape,
en el portal te recibiré
Sonreiremos.
Y sabremos entonces
que fue muy tarde.
Que siempre fue tarde.
Para nosotros.

23 de noviembre de 2010

Príncipe Arlequín

A veces hablas en código.
Otras, en un idioma que no comprendo.
A veces comprendo a medias.
En ocasiones lo entiendo perfecto.
Casi siempre veo una tácita verdad oculta,
oculta sólo por la venda que yo misma he colocado.
Verdad que no es tal,
que es la hija gloriosa de la experiencia y el sentir.
Verdad que se reinventa de un corazón a otro.

A veces extiendes tu mano y me invitas a danzar.
Otras, danzas concentrado en ti y te observo.
A veces me vez bailar perdida en mi, perdida en ti,
y sonríes.
En ocasiones desarmonizamos la danza
y la manipulamos a nuestra manera.
Casi siempre en la arritmia encontramos la armonía.
Y la sincronía nos incita a gozar y seguir danzando.
Una sincronía que es bella en su contradicción,
en su contraste armonioso e inquieto.
En eso especial que logra estrechar nuestras manos.

A veces nos acariciamos suavemente.
Otras, retiras tu mano y te alejas mientras te observo.
A veces regresas silencioso y me estrechas fuertemente.
En ocasiones sonríes lejano y me observas.
Casi siempre yacemos uno junto al otro
(y a veces uno sobre el otro)
Y observamos las estrellas de nuestro cielo.
nos divertimos viendo cómo bailotean.
Reímos y nos sentimos absolutamente cercanos.

Hablas, sientes.
Te escucho, pienso, aprendo.
Siento.
Me vuela la cabeza.
Y la nubes se ven tan esponjosas y de a mentiras
como en mis sueños.
El cielo tiene un nuevo color,
en una realidad más sensible en si misma.
Todo criterio anterior parece de dudosa certeza.
Las reglas se invalidan.
La rebeldía es habitual en nuestro andar.

Estrecho tu mano y me acerco a tu rostro
Me percato de pronto de que ya no llevas máscara alguna.

¿Qué nueva danza aprenderemos hoy
pequeño Príncipe Arlequín?



Davietè
(Can't hate you, dear)

1 de noviembre de 2010

Frío

Tiemblo.
No sé bien por qué.
Si de rabia, si de miedo, si de frío.
Solo sé que no tengo nada.
Que di todo
y me quedé sin nada.

No escucho el latir de mi corazón.
Se ha quedado mudo.
Sólo un débil sollozo
marca su susurro agonizante.
Mientras me consumo en un sopor perpetuo
que salva mi mente.
Que no se deja dominar por la locura.

Escucho mis suspiros cansados en la noche.
Mientras veo disiparse los fantasmas
y quemo memorias que no existen.
Mientras entierro un amor que no es tal.

Agonizo a fuego lento.
Fuego alquímico.
El hueco me deja sin respiración.
Oigo en la lejanía mis cansados y débiles gemidos.
Mi cuerpo está fatigado.
Mi mente duerme.
Mi fuego está ausente.
El vacío se expande en mi interior
y temo consumirme por completo en la nada.

El dolor se manifiesta de tantas maneras,
se alimenta de ilusiones rasgadas,
de un panorama infantil y platónico, casi utópico.
No sé bien qué hago aquí.
No sé bien cómo llegué aquí.
Pero sé que no quiero sentirme así nunca más
con un vacío asfixiante
que me llena de frío
en un contradictorio mar de palabras.
A la vista de un mundo que no ve.
A los ojos de un mundo que no siente.

Tiemblo.
No sé bien por qué.
Si de rabia, por mi inexperiencia.
Si de miedo, por mi soledad más real que nunca.
Si de frío, por el fuego extinto de mi espíritu.
Solo sé que no siento nada.
Que amé tanto.
Y me quedé sin nada.


Para PO.
Marcas a Fuego en mi Piel.

28 de octubre de 2010

The Night We Were Lost



When my family thinks
that I'm safe in my bed
From night until morning
I am stretched at your head
Calling out the air
With tears hot and wild
My grief for the boy
that I love as a child





23 de octubre de 2010

El Último Sueño - Cuento corto

Me miro al espejo y sonrío levemente. Acaricio mi cabello y miro como se apagan mis ojos. La llama inquieta de la vela le da expresividad a mis ojos muertos. Muchas veces me había quedado contemplando mi rostro, mis facciones. Tratando de descubrir el alma escondida tras esa blanca piel. Quieriendo leer mis propios ojos, que son todo un misterio aún para mi. Sin embargo, hay personas que me leen como un libro abierto. ¿Es solamente un juego muy irónico o me estoy escondiendo de mi misma?

Un pétalo que cae en un río caudaloso.
Me aferro a la orilla tratando de alcanzar el pétalo perdido.
Grito de frustración mientras mi impotencia gana terreno.
Escondo la cabeza entre los brazos y lanzo un gemido ahogado.
Una fría lágrima cae y veo el pétalo alejarse.
Blanco y brillante, se pierde en la lejanía.
El caudal no la hunde.
Flota gloriosa sobre la furia de la naturales.

Suspiro y la llama bailotea. La oscuridad circundante es cálida y me recuerda al vientre materno. No soy consciente del mismo, pero la piel recuerda y mi cuerpo se estremece recordando esa sensación única, que nunca en la vida volveré a sentir. Mi mirada se pierde y recuerdo. Una imagen fugaz se presenta. Una sonrisa se furtiva gana terreno en mi rostro. La calidez del exterior se traslado a mi interior y me abrazo a mi misma tratando de retener esa sensación, de cautivar esa calidez, que al final se escapa, que al final me abandona y me sonríe burlona de lejos, como diciéndome: "Me tendrás, pero nunca permanentemente. Te acompañaré pero no quieras dominarme. Yo vendré cuando pueda. O quiera".

Sigo en la orilla.
La noción del tiempo se me ha escapado entre las manos.
¿O simplemente la dejé ir?
Miro distraída al horizonte,
el sol comienza a caer y tiñe el cielo de colores maravilloso.
Las nubes se transforman en lienzos para mis ojos.
Todo podría parecer calmo y perfecto.
Pero arrecia un viento de tormenta.
Miro a todas direcciones, no veo nubarrones.
Me confío y vuelvo a pensar en el pétalo perdido.
Suspiro.

Las horas no pasan. Me levanto para estirar las piernas y paseo por mi habitación. Debería salir, debería dejar ese agujero, tendría que ir a divertirme y borrar de mi mente los recuerdos al menos por un segundo, tratar de eclipsarlos con diversiones esporádicas. Pero salir afuera me asfixia. Observo la luna desde mi ventana. Llegará el momento que vuelva a bañarme con su luz. Parpadeo un momento y me acerco a la vela de nuevo. De pronto me llama la atención la música (que por momentos se convertía en un fondo sin forma en mi pequeño teatro), mis oídos parecen arder, la llama de la vela crece, inunda todo con su luz, siento la calidez en mi piel...

Ha caído la noche.
Me percato de que mis ojos están cerrados.
Quizá estuviera hundida en ese delirante mundo de ensueños.
Siento mi cabello mecerse con el viento
como el vestido de una virgen que pasea un día de tormenta.
Recuerdo una vez más el pétalo y mi desesperación.
La ansiedad renace,
nuevamente me mortifico absurdamente.
Perdida en mi misma, 
de pronto siento una caricia en la espalda.
De mi boca se escapa un suspiro.
Sonrío.

La habitación se transforma y mi corazón se acompasa al ritmo de la música. Apareces ante mi tan claro como la primera vez que te vi. Tan sólido y cálido como la primera vez que te toqué. Tan fuerte como la primera vez que me abrazaste. Apasionado así como la primera vez que me hiciste tuya. Sonríes y me ofreces tu mano. No puedo evitar sentir mi corazón rebosar de alegría. Tu sonrisa es lo más hermoso que me puedes regalar. Olvido la calidez de la oscuridad y me hundo en la luz que se expande. Pero es una luz cándida y discreta, que no eclipsa nuestra vista. Todos los detalles desaparecen y nos perdemos en el otro. Bailamos, la música se hace una con nosotros. Una palabra lo describe todo. Perfecto.

La distracción se transforma en un narcótico absoluto.
El tiempo ya no está,
ahora el espacio se ha perdido también.
El sonido del río llega a mi lejano.
Y siento que me envuelven unos brazos fuertes.
Esa piel cálida hace contacto con la mía
y me estremezco.
De pronto mis labios están prisioneros.
Y en mi delirio,
veo el pétalo blanco.
Brilla de manera hermosa e increíble.
Mi corazón palpita,
me dejo llevar...
Y escucho entonces un trueno.
Mi cuerpo tiembla y caigo en sobre la arena. 
Abro los ojos y solo veo el cielo estrellado,
que pronto es cubierto por nubarrones de tormenta.

Bailamos un rato más, siento cálidas lágrimas recorrer mi mejilla. Me miras complaciente y secas mis lágrimas con un beso. Pero te miro a los ojos y veo un escudo de nuevo. Lejanía, distancia, dolor. De pronto la calidez aumenta y comienzo a sentir que mi piel se quema. Te miro sin entender lo que ocurre. Entonces tu imagen se desvanece y no puedo ocultar mi mueca de confusión. Veo las llamas extenderse por mi habitación, el fuego que traga todo a su paso, la madera crujir y mis sábanas crepitar. Llegó a lanzar un grito ahogado mientras el calor me consume y el fuego me abraza con sus brazos ligeros y potentes. Mis lágrimas se resecan y ya no siento dolor. Abro los ojos, que me duelen, y veo una imagen en medio de la habitación. Un pétalo blanco brilla y se mantiene inerte ante las llamas. Arrastro mi cuerpo hasta ella. Sonrío emocionada cuando la toco, cuando la acaricio. La tomo y la estrecho contra mi pecho. No es el mismo, pero calza a la perfección sobre mi piel.


Ese pedacito de corazón tuyo que me pertenece. El recuerdo de ese trocito de mi corazón que te pertenece.